
Uno de esos primeros días de verano en los que la calle Pericón de Cádiz se convierte en un reguero de sillas y sombrillas camino de la popular playa de La Caleta, Manuela Pérez Sánchez recibió a unos supuestos técnicos que precintaron zonas de su casa y le advirtieron de que estaba “en ruinas”. Con el cuerpo hecho a lo peor, apareció el propietario del inmueble y le ofreció cambiar ese contrato de renta antigua por uno nuevo de cinco años en otro sitio. Manuela firmó, pero a las pocas semanas otros técnicos municipales, estos sí, de verdad, tocaron a su puerta. Su casa estaba mal, pero no tanto, y ella, según le advirtieron, había sido víctima de unos “asustaviejas”.
