Hay un momento concreto en el que uno toma consciencia del cambio de estación. Un escalofrío, una luz diferente en el cielo o una racha de viento nos hacen conscientes de que ha llegado el otoño. Y a menudo, aunque los meses de calor y viajes hayan sido placenteros, uno se descubre deseando que terminen: “Señor, es hora. El verano fue grandioso. Pon tu sombra sobre los relojes de sol y deja libres los vientos en los campos”, suplicaba Rilke en uno de sus poemas más famosos.
