Los vaivenes del debate público y político no dan tregua, y tan pronto este dedica toda su atención al problema de la vivienda, como se desvía (lógicamente) al de las infraestructuras del transporte. Pero el escaso interés que se presta últimamente a las energéticas y a sus beneficios, engordados por las sucesivas guerras, contrasta con el que se le dedicaba hace tres años, cuando el Gobierno introdujo un gravamen extraordinario sobre los ingresos netos. El impuesto decayó, a diferencia del que también se empezó a aplicar a los bancos, por la falta de apoyo de los partidos bisagra del Congreso, en particular Junts y PNV. Pero tampoco para las medidas de vivienda del Gobierno ha habido un apoyo claro de estos grupos, como se ha comprobado hace unas semanas.
