Desde pequeña, a Nerea Figueiras le gustaba recoger flores que ponía en los ojales de la ropa o entre las trenzas del pelo. Una afición infantil que la llevó a estudiar Biología, pero que, con el paso del tiempo, terminó despertando su lado más artesano. “Retomé lo que hacía de niña. Empecé a diseñar joyas con diferentes flores que repartía entre la familia y los amigos. Al principio, no había más pretensiones, hasta que decidí venderlas”. En 2020 puso en marcha la empresa Fento do Vento, con poco más de 2.500 euros de capital inicial, y algunas subvenciones que consiguió en la Xunta de Galicia y la Diputación de A Coruña, pero sin rondas de financiación.

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