La desvinculación moral es el mecanismo psicológico que permite a una persona preservar una imagen positiva de sí misma mientras justifica conductas que perjudican a otros, eludiendo cualquier sentimiento de culpa o responsabilidad. Más allá del autoengaño, opera mediante una combinación de procesos como la deshumanización del adversario, la culpabilización de la víctima, el desplazamiento de la responsabilidad hacia terceros y la construcción de justificaciones morales que presentan la agresión como una acción necesaria. El resultado es una paradójica inversión ética: cuanto más dañina resulta la conducta, más sofisticados se vuelven los argumentos destinados a conferirle una apariencia de rectitud moral.
