
Las pensiones han vuelto al centro del debate político tras las declaraciones de varios dirigentes del PP y Vox que cuestionan la sostenibilidad del sistema público actual y apuntan a posibles reformas que reforzarían los mecanismos de ahorro complementario. Es decir, las pensiones privadas, de las que son titulares ocho millones de personas en España, sumando productos individuales y colectivos. Se trata de un instrumento que, en campaña, es un anatema para la mayoría de los partidos de izquierdas. Y para los de derechas, la fórmula que puede solucionar el gran desafío que plantea el envejecimiento. La realidad es algo más sutil: el Gobierno de coalición lleva años intentando fomentar un sistema de pensiones privado complementario, a través de planes empresariales, pero sin éxito. Los planes individuales, por su parte, arrojan resultados modestos.
