Las movilizaciones estudiantiles y juveniles que recorren estos días España, Francia, Bélgica o Italia no responden a una sola causa, pero comparten una pregunta: ¿qué futuro ofrece Europa a quienes deberían protagonizarlo? Tras años de crisis encadenadas, para muchos jóvenes estudiar, trabajar y esforzarse ya no garantiza la posibilidad de construir un proyecto de vida independiente. Las razones del descontento son múltiples, aunque tienen una importante raíz material: un crecimiento salarial débil, al que se han sumado los efectos de la pandemia y los episodios de inflación de los últimos años. Mientras tanto, el fuerte encarecimiento de la vivienda ha dificultado la emancipación. Muchos sienten que han cumplido con su parte del contrato, pero el sistema les ha devuelto otra moneda.

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