Solo 15 de cada 100 berlineses viven en sus cuatro paredes en propiedad. El resto, de alquiler. La compra de una vivienda en Berlín es un lujo. Supone entre siete y diez veces el sueldo promedio anual. En Alemania, tres de cada cuatro personas de entre 25 y 45 años viven de alquiler. El partido Die Linke (La Izquierda) venció en las elecciones al Parlamento de Berlín con la promesa de resolver uno de los grandes problemas de los berlineses: la vivienda. El dilema es que su propuesta salta por el aire todos los esquemas: expropiar a los consorcios inmobiliarios como los gigantes Vonovia o Deutsche Wohnen, transfiriendo viviendas de grandes propietarios (tenedores con más de 3.000 cada uno) a un organismo público. Sería algo histórico. Nunca se utilizó el mecanismo constitucional (artículo 15) que lo permite. ¿Tendría sentido? Y, sobre todo, ¿qué resolvería?
