La incertidumbre no es amiga de la inversión, aunque en los últimos años, sobre todo desde la pandemia, lo inesperado se ha vuelto casi rutina. Esta vez es el sector inmobiliario el que prevé un estancamiento de las operaciones hasta que se aclare la regulación sobre vivienda y, sobre todo, hasta que se celebren las elecciones generales y se forme nuevo Gobierno (algo que tampoco tiene por qué ser necesariamente rápido, como indican los últimos precedentes).
