Iria y Laura son amigas desde la universidad y compañeras de piso desde hace seis años. Al tercer día de protestas por la vivienda, estas jóvenes de 28 años, que prefieren no dar su apellido, se plantaron en la Puerta del Sol de Madrid, donde, quitando algún relevo ocasional, duermen cada noche. Por la mañana acuden al trabajo, una en una clínica de psicología y la otra en una asociación de acompañamiento a menores en riesgo de exclusión. Al cerrar la tienda de campaña, cuelgan una gran cartulina rosa en la que se lee Luego volvemos. Estamos trabajando para nuestro casero.
