
Hace tiempo que el futuro de Europa quedó ineludiblemente unido a la electrificación de su economía. Para un continente deficitario en combustibles fósiles, conectar todo lo posible a la red eléctrica, y alimentar esta con fuentes de generación no dependientes de lo fósil, como las renovables o la nuclear, resulta vital. Urge avanzar en la electrificación. Y, en un contexto en que no se están cumpliendo los plazos previstos para este proceso, eso equivale a decir que urge que las Administraciones adopten medidas más audaces.
