Las cuentas públicas europeas vuelven a afrontar una encrucijada difícil: de esas en la que se les pide soplar y sorber al mismo tiempo. Por un lado, tienen que encarar la respuesta a una crisis energética que empezó en marzo y que amenaza con convertirse en una crisis de precios; por otro, deben afrontar la presión de los mercados que están encareciendo la deuda soberana, sobre todo, la francesa. Y atendiendo más a esta última brújula, y con un pasivo que en la zona euro se acerca al 90% del PIB, la Comisión Europea ha llamado a los Gobiernos a la “prudencia fiscal”, en palabras del comisario de Economía, Valdis Dombrovskis. Es decir, contención en el gasto.

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