El Niño tiene algo de ese amigo del que por mucho que sepamos cómo es, nunca deja de sorprender. Sabemos que volverá: es un fenómeno cíclico, aunque sin periodicidad fija, que aparece cada dos a siete años y altera temperaturas y precipitaciones a escala global. Pero saber que llega, no significa saber cuál será su impacto. Un mismo calentamiento del Pacífico puede traer más lluvia a unas zonas, sequía y calor a otras y con efectos muy distintos según la estación del año.
