Los más de diez años de resaca de la crisis financiera global se caracterizaron por un coste del capital extraordinariamente bajo. Era la época del denominado “estancamiento secular”: crecimiento e inversión débiles frente a abundancia estructural de ahorro global, reforzada por la acumulación de reservas en las economías emergentes, el envejecimiento demográfico y una elevada demanda de activos seguros. El exceso de ahorro sobre inversión presionaba a la baja los tipos de interés, y los bancos centrales reforzaban esa dinámica con compras masivas de deuda. Ese mundo queda hoy muy lejos. Los tipos de interés de la deuda a largo plazo en las principales economías desarrolladas se encuentran en máximos desde mediados de la primera década de los 2000.

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