Muchos usuarios de servicios básicos no se cambian de proveedor por pura inercia, y por si acaso: si algo funciona, para qué tocarlo, aunque haya algún ahorro potencial en el horizonte. Pero la inteligencia artificial es una especie de sabelotodo que puede ayudar a casi cualquier cosa, desde poner silicona en las juntas de la ducha (aunque el lector debe poner de su parte y aprender por su cuenta lo básico, que hace falta una pistola para empujar el cartucho), hasta buscar la tarifa más barata de internet. Ahora es el turno para las telecos de ser las castigadas en Bolsa por la revolución hipotética de la IA. El Ministerio de Hacienda avisa de los riesgos de confiar en la máquina al hacer la declaración de la renta; parece que cambiar de proveedor del teléfono comporta menos riesgos. Claro, que tampoco todo el mundo le consulta a la IA, en muchos casos también por inercia, y por desconfianza, la misma que las propias tecnológicas se encargan de alimentar. Así que no conviene extraer conclusiones aceleradas sobre el futuro que viene, porque todo va a cambiar mucho en poco tiempo, de maneras inesperadas.

Seguir leyendo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *