Una pescadería en el interior del Mercado de Maravillas, en Madrid.

Tania Avendaño deambula entre los pasillos del supermercado arrastrando un carrito de la compra más vacío que lleno. “Está todo muy, muy caro. Lo noto sobre todo en el arroz, el aceite… cosas de todos los días”, comenta resignada. Cuenta cómo le ha dado una vuelta a su menú diario para ajustarlo a un presupuesto que se ha quedado corto ante el ritmo insistente al que se han incrementado los precios de los alimentos en los últimos años. “Ahora compro más legumbres y menos atún, ¡con lo que me gusta!”. En la planta superior del establecimiento, ubicado en la glorieta de Cuatro Caminos en Madrid, la chilena Queisha Kawas pregunta al carnicero a cuánto sale la carne que le acaba de cortar. “Pues es un montón; quíteme un pedazo”, le espeta.

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