Si Europa ya está acostumbrada a temer los vaivenes de Donald Trump, tiene más motivos para hacerlo cuando se acercan las legislativas de noviembre. El último sobresalto es la posibilidad de que EE UU restrinja las exportaciones de diésel. Las guerras de Irán y Ucrania han reducido la oferta mundial, al sacar del mercado capacidad de refino de Rusia y Oriente Próximo. Las refinerías estadounidenses aprovecharon esta oportunidad para exportar cantidades récord y obtener beneficios extraordinarios, pero la mayor demanda también ha disparado el precio para los propios estadounidenses.
