Pasé los primeros 24 años de mi vida en Bruselas, la capital europea por excelencia. Mi colegio estaba frente al Parque del Cincuentenario, al lado del famoso barrio europeo y años más tarde tuve mi primer empleo en la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat), en Luxemburgo. Todo aquello había hecho de mí un joven europeo convencido, un firme defensor del proyecto europeo. Comenzaban los años 90 y aquel proyecto multinacional, multicultural y multilingüe me fascinaba.

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