España contabiliza oficialmente 49,801 millones de habitantes, y entrará en 2027 con 50 millones al hilo de la reagrupación que generará la última gran regularización. Pero tal masa demográfica se desenvuelve en una infraestructura física diseñada para poco más de 40 millones, tras varios años de dejadez inversora, sobre todo de carácter público. Las costuras del país, de buena parte de las redes de movilidad y de los servicios públicos, se descosen por la presión demográfica creciente, y afloran las deficiencias tanto en la provisión de servicios educativos, formativos y residenciales como en los puramente asistenciales por el avance del envejecimiento o la disponibilidad de infraestructuras.
