Hará falta mucho más para que las autoridades de Pekín frenen la expansión mundial de los coches chinos. Los reguladores han establecido nuevas directrices que instan a los fabricantes de automóviles a abstenerse de prácticas que alteren la competencia en el extranjero. Pero BYD, valorada en 113.000 millones de dólares (97.500 millones de euros), y sus rivales probablemente concluyan que no pueden permitirse levantar el pie del acelerador.
