El dato de inflación de este mes de agosto ha estado en buena medida condicionado por la retirada de las ayudas fiscales a los combustibles, que embalsaron una subida de precios que aflora con retraso. Aun así, un 4,3% más que duplica el objetivo del 2%. No es el español un caso excepcional (aunque sí destacado): tanto la zona euro como Estados Unidos tienen sus índices de precios por encimad el 3%, y se prevé que sigan así durante lo que queda de año. El impacto del cierre de Ormuz es persistente y acumulativo. El inicio del curso llega, por tanto, con perspectivas de más inflación, y por lo tanto con expectativas de dinero más caro. En Europa las últimas señales, del propio BCE y de la coyuntura, apuntan a una subida de tipos dentro de dos semanas que el mercado da por hecha. Está más en el aire el escenario que se abra a partir de ahí.
