Recibir totalmente corregido un escrito que uno creía brillante y entender que no bastaba con saber derecho para ser abogado. Descubrir que unas condiciones generales impecables podían ser inútiles si no recogían lo que preocupaba al cliente. Nada de eso se enseña en una facultad, por buena que sea. Los que firmamos esta columna aprendimos así, y no en la misma época.
