Centro de datos de A1 Digital en Viena.

Durante casi dos décadas, las grandes empresas tecnológicas estadounidenses reunieron características que rara vez aparecen juntas. Crecían con rapidez, disfrutaban de márgenes elevados, apenas necesitaban endeudarse y podían aumentar sus ingresos sin realizar inversiones proporcionales en activos físicos. Google era quizá el mejor ejemplo. Una vez construido su buscador y consolidada su posición en la publicidad digital, cada consulta adicional tenía un coste muy reducido. La compañía generaba cantidades crecientes de efectivo que podía mantener en caja o devolver a los accionistas mediante recompras.

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