Pocos consejeros delegados del sector farmacéutico pueden igualar la trayectoria de Pascal Soriot. El directivo, nacido en Francia, tomó las riendas de AstraZeneca en 2012, cuando el negocio afrontaba una dolorosa pérdida de exclusividad sobre fármacos clave y una cartera débil de futuros medicamentos. Desde entonces repelió una audaz oferta de Pfizer y convirtió la compañía en la farmacéutica europea más valorada. Ahora, el fantasma de otro abismo de patentes y el escepticismo de los inversores hacia las grandes fusiones hacen que este ejecutivo de 67 años tenga que demostrar su valía otra vez.

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