Una pareja comía un helado en la calle Consell de Cent de Barcelona, el martes.

Las sucesivas olas de calor que achicharran España dan pocas alegrías, pero quizá una de ellas es el de poder tomar un helado bien frío para buscar un momento de pausa. Este verano, la necesidad de acudir a la heladería más cercana para combatir los efectos del cambio climático se ha topado con los efectos de otro fenómeno muy contemporáneo, esta vez sobre el bolsillo: la inflación. Los helados, tanto de heladería como de supermercado, han sufrido un incremento de precios generalizado, y los motivos son muy parecidos al encarecimiento de otros productos de la cesta de la compra: el auge de los precios de la energía, el incremento de los costes de transporte para algunos ingredientes o la subida de los costes laborales y de los alquileres comerciales. El resultado es que, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el precio medio del litro de helado se ha situado en 5,02 euros, un 4,1% más que el año pasado. Pero los mismos datos muestran que el consumo ha subido un 11,7%: un mayor precio no es capaz de terminar con las ansias de un helado.

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Un grupo toma helado en el Eixample de Barcelona, este martes. Dos personas con helados en una heladería de Barcelona, el martes.

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