Es fácil subestimar el mercado de bonos; no acapara titulares ni permite a los particulares hacer dinero rápido y fácil. Pero, si la Bolsa es el oleaje, la deuda es la fuerza de las mareas. Y, a apenas tres meses de las elecciones estadounidenses, el nivel del agua está empezando a subir. Las referencias históricas son claras: el bono a 30 años está en los niveles más altos en dos décadas, y el de 10 años no anda muy lejos. La experiencia enseña que la deuda es muy capaz de romper cosas. Y, sobre todo, la reacción del Gobierno de Estados Unidos indica señales de preocupación.

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