Para entender bien el valor de la IA es preciso ser honesto también con aquello que, desarrollado por la inteligencia artificial, no tiene ninguno: el arte. Si entendemos y apoyamos la idea de que el ser humano sigue siendo el eslabón final que avala (o desecha) el trabajo desarrollado por una inteligencia artificial, llegamos a una rápida conclusión. El ser humano es imprescindible.
