Algo se está complicando en los mercados financieros, donde la euforia tecnológica que reflejan las encuestas entre los gestores de fondos y las cotizaciones de los índices (7.700 puntos el S&P 500; 20.000 de Ibex 35) coincide con la subida en las rentabilidades de la renta fija. La solvencia con la que los parqués navegaron la crisis de Ormuz ha sido, en paralelo a las crecientes capacidades de la inteligencia artificial, un combustible que ha podido más que los análisis de riesgos o las métricas de valoración tradicionales. El mercado de bonos, menos explosivo, ha tardado más en reaccionar, pero hoy por hoy dibuja un panorama de más inflación, mayores costes de financiación para empresas y Estados y una creciente competencia por captar recursos.

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