
A las doce de la mañana del pasado jueves, Marius Varzaru (Bucarest, Rumanía, 1979) hizo sonar la campana en el Palacio de la Bolsa de Madrid. Sacudió el badajo sonriendo y con ahínco, enfundado en un traje azul marino con camisa blanca, sin corbata y con el botón del cuello desabrochado. “Es impresionante. Impacta”, dijo. Acababa de sacar al parqué a Digi España, la operadora que ha visto y hecho crecer como consejero delegado desde 2008 y con la que mantiene una relación larga, cercana y algo inusual en tiempos de amores líquidos y mandatos que se acortan.
