Basta con fijarse en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín, previstos para agosto, a fin de comprobar el abismo entre las expectativas y la realidad. El torneo inaugural del año pasado, que atrajo a 500 androides de 16 países, ofreció competiciones atléticas que parecían borrachos tropezando entre sí. Ha habido progresos, pero pocos: una autoridad del Gobierno dijo que espera que las habilidades de los partidos de fútbol de este año pasen “de preescolares a jóvenes”. Es un contundente recordatorio de que la fiebre china por las máquinas humanoides está sobredimensionada.
