En su libro El crac del 29, John Kenneth Galbraith acuñó el término bezzle. El economista lo definió como “una riqueza aparente que en realidad no existe, en las empresas y los bancos de un país”. Según Galbraith, el bezzle crece “en los buenos tiempos, [cuando] la gente está relajada, confiada, y el dinero abunda”. Vivimos de nuevo una época así. El entusiasmo por todo lo relacionado con la inteligencia artificial ha vuelto a los inversores demasiado confiados respecto a las prácticas financieras de las grandes empresas implicadas en la revolución tecnológica.

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