La inflación de la eurozona todavía está muy lejos de los niveles que alcanzó en 2022, en la anterior crisis energética, pero no deja de añadir presión sobre la economía en general y sobre el Banco Central Europeo (BCE) en particular. En mayo ha subido hasta el 3,2%, según los datos publicados este martes por Eurostat. Encadena así cuatro meses al alza, con un salto de 1,5 puntos en ese periodo. Y no hay certidumbre sobre cuándo puede diluirse la causa última que está provocando esta subida de los precios: la guerra en Oriente Próximo, con unas negociaciones inciertas que un día parecen cerca de la solución y otro, próximas a romperse.

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