No es fácil calibrar la salida a Bolsa de SpaceX. La sombra de Elon Musk tiene ese efecto polarizador: si para algunos es un mesías, otros pueden caer en el error de olvidar sus logros tecnológicos. En poco más de una década, SpaceX ha conseguido un dominio abrumador en el negocio de lanzamiento de satélites, hundiendo los costes mediante la reutilización de los cohetes. La constelación de satélites Starlink tiene una base de clientes que crece a gran velocidad y es una parte crítica del sistema mundial de comunicaciones. Con el –aún en pruebas– gigantesco Starship, el cohete más potente de la historia, Musk espera reforzar su dominio.
