El candidato popular Juanma Moreno ganó con mucha holgura las elecciones autonómicas andaluzas celebradas en domingo, pero en el partido la celebración fue agridulce, porque no logró su objetivo de repetir la mayoría absoluta, para la que le faltan dos escaños. En todo caso es mérito de Moreno haber construido una sólida mayoría en una región considerada durante décadas un feudo del PSOE. El presidente andaluz había centrado su campaña en evitar “el lío”, esto es, en librarse de las exigencias de Vox, vistas las experiencias recientes en Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha, donde el PP tuvo que asumir una idea tan inquietante como discriminatoria: la “prioridad nacional”. A favor de Moreno juega un reparto de fuerzas desigual: el PP tendrá 53 asientos en el Parlamento por solo 15 de la ultraderecha, que apenas gana un escaño. Esto confirma lo que ya se observó en Castilla y León: que el ascenso de la ultraderecha no es imparable, sino que se ha frenado en seco. Queda la incógnita, eso sí, de si Vox se conformará con un papel menor, incluso sin entrar en el Ejecutivo regional, o si redoblará el pulso.
