La subida del precio del petróleo tras el cierre del estrecho de Ormuz ha encarecido el carburante de forma importante, y las aerolíneas están trasladando esa presión al bolsillo de los viajeros. Con el queroseno rondando el 30% del coste de un billete, según IATA, cualquier repunte golpea unos márgenes ya mínimos. La reacción de las compañías ha sido inmediata: tarifas más altas, recortes hechos con bisturí en rutas poco rentables y ajustes de capacidad, como muestran los ejemplos de Air France-KLM, EasyJet o United. Lufthansa ha cancelado 20.000 vuelos hasta octubre y ha asumido 1.700 millones en sobrecostes por combustible. Con el queroseno casi al doble, volar este verano será más caro, salvo que Ormuz reabra.
