
No de golpe, sino en cascada. Primero los semáforos. Después, el transporte ferroviario. Más tarde, los sistemas de pago, las estaciones de servicio, centros sanitarios operando en contingencia y redes de control aéreo bajo procedimientos de emergencia. En menos de diez minutos, toda la Península Ibérica quedó expuesta y eso nos hizo plantearnos hasta qué punto una economía avanzada está preparada para seguir operando cuando falla una de sus grandes infraestructuras de base. Un año después, con el informe final de Entso-E ya publicado, la conversación sobre las causas está mucho más madura.
