La primera derivada de la guerra en Oriente Próximo se mide en barriles e inflación. La segunda, en tipos de interés. El conflicto bélico entre Irán y EE UU pone en primer plano el encarecimiento de la energía como detonante inflacionista global. Sin embargo, el cambio respecto a 2021 y 2022 podría ser la reacción de los bancos centrales. Ningún gobernador quiere subestimar un shock de oferta.
