En el concurso ¿Quién quiere ser millonario?, los concursantes podían recurrir al “comodín de la llamada” cuando se enfrentaban a una pregunta difícil. Llamaban entonces a alguien de confianza para intentar seguir avanzando hacia el premio. Curiosamente, ese mismo patrón se repite cada vez que en España se propone una mejora en los derechos laborales, como ahora la reducción de la jornada a 37,5 horas semanales. Las grandes empresas, tan competitivas como rentables, activan su propio comodín y apelan a la “viabilidad” de las pymes. Alegan, con tono apocalíptico, que la medida será insostenible para el pequeño empresario. Pero lo que realmente intentan es desviar el foco y evitar cualquier redistribución justa de los beneficios que concentran en la cima de la cadena productiva.

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