La primavera en Bélgica está siendo caliente. Y esta afirmación no se refiere al clima, que ya ha vuelto esta semana a su habitual estado gris y lluvioso. La frase viene a cuenta de las movilizaciones, huelgas y protestas sindicales contra el programa de austeridad que ha anunciado el nuevo Gobierno belga y que está empezando a desplegar. En el punto de mira del equipo que dirige el primer ministro, Bart De Wever, un nacionalista flamenco, hay bastantes medidas dirigidas a embridar las cuentas públicas de un país que lleva años instalado en un déficit anual bastante por encima del 3% del PIB (4,5% en 2024) y con una deuda pública total que supera el 104% del PIB.
