La historia de Woodys, que factura más de 18 millones con gafas que han reposado en rostros tan famosos como el de Natalie Portman o Taylor Swift, empezó cuando su fundador, Josep Dosta, perdió sus lentes en el fondo del pantano en el que practicaba esquí acuático, deporte del que fue dos veces campeón de Europa. Fue hace más de 10 años. Por aquel entonces trabajaba en una empresa que hacía complementos para Inditex que no iba muy bien y buscaba nuevos productos. Al ver cómo se hundían, pensó que unas gafas que flotasen podían ser una opción para cierto público, e hicieron una pequeña colección en madera. “El problema es que se nos rompían”, recuerda. La solución la encontró bajo sus pies: “Me di cuenta de que las tablas de wakeboard y skateboard están hechas con madera laminada mucho más resistente, y empezamos a hacer gafas recicladas de tablas de skateboard”.

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