En la isla energética España siempre ha estado presente la amenaza del apagón. La península Ibérica está cogida con pinzas al sistema eléctrico europeo debido, en buena parte, al desinterés tradicional del gran vecino del norte para facilitar la competencia al sur de los Pirineos. Apenas dos hilos de conexión -por Cataluña y el País Vasco- han aliviado las apreturas del sistema eléctrico peninsular. Como la necesidad aguza el ingenio, las carencias han obligado desde siempre a Red Eléctrica de España (REE), el gestor de la red de transporte de electricidad, a afinar la gestión de la previsión de demanda con la producción. Lo ha hecho con éxito y profesionalidad -reconocida por sus homólogos en Europa- durante décadas. Por eso extraña la forma en que al sistema eléctrico ibérico se le han fundido los plomos. A falta de profundizar en la investigación, todo indica que no ha sido un fallo en la previsión del gestor, sino un súbito desajuste de las curvas de demanda y producción que forzó el corte de los canales de interconexión con Francia.
