La guerra arancelaria emprendida contra el mundo por el presidente de EE UU, Donald Trump, ha tenido numerosas consecuencias negativas para la primera economía: caídas generalizadas en Wall Street, un empeoramiento preocupante del mercado de deuda estadounidense, la devaluación del dólar, una rebaja del crecimiento para este año pronosticada por el FMI y la imposición de aranceles por parte de terceros países como represalia. Pese a este cúmulo de malas noticias, la Casa Blanca se agarra como un náufrago a una tabla en medio del mar a los anuncios o a la demostración de intenciones de compañías de diversos sectores para incrementar su capacidad productiva en EE UU, y con ello esquivar los aranceles de Trump. Decisiones revestidas como éxitos por la administración trumpista que, sin embargo, los expertos deslucen por sus efectos colaterales: un aumento de costes y un sobrecargo para los bolsillos de los consumidores norteamericanos. Batallas ganadas en medio de una guerra con mal pronóstico.

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