La revolución tecnológica en curso está provocando cambios profundos que superan en ocasiones la capacidad de adaptación de nuestras sociedades. Si bien no es la primera vez que afrontamos grandes cambios económicos —que en muchos casos trajeron notables mejoras en prosperidad—, la transformación presente se distingue por ser más acelerada y extensa. Anteriores oleadas de automatización hicieron desaparecer empleos tradicionales, rutinarios y exigentes en la agricultura o la industria. Las innovaciones tecnológicas actuales, y en particular la inteligencia artificial (IA) generativa, amenazan con ir un paso más allá, sustituyendo o alterando notablemente empleos creativos y cognitivos en los que hasta hace relativamente poco se pensaba que las personas teníamos ventaja comparativa frente a las máquinas. Este reemplazo de personas por máquinas podría verse además avivado por el incentivo a automatizar en respuesta a los desequilibrios demográficos que ya estamos experimentando, los cuales encarecen el factor trabajo debido a su creciente escasez.

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