Los chips son el motor de la economía digital; esos minúsculos dispositivos son necesarios para que funcione el lavavajillas o el smartphone, así como para el desarrollo de tecnologías punteras como la inteligencia artificial generativa (IA). A causa de estas aplicaciones vanguardistas, los circuitos integrados han sido el foco de una refriega entre las superpotencias económicas del mundo, China y Estados Unidos, incluso antes de la llegada de Donald Trump. La administración de Joe Biden, bajo el lema de la seguridad nacional, restringió el acceso a semiconductores de última generación por parte de China. Ahora, para avivar la batalla en el frente de los circuitos integrados, Trump ha endurecido las restricciones de venta de chips al gigante asiático y amenaza con imponer aranceles específicos a los semiconductores, a pesar de haberlos dejado fuera de su último disparo tarifario.

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