Cuando los trabajadores protestan suelen hacerlo amparados por sus representantes, los sindicatos. Esta premisa se suele cumplir aún más en el sector público, una de las actividades económicas con una mayor proporción de empleados afiliados a un sindicato. Estos días está captando atención una protesta de trabajadores públicos que no está respaldada por ninguno de los grandes sindicatos de la función pública, que son CSIF, UGT y CC OO. Es la que protagonizan los subdirectores y secretarios provinciales del Instituto Nacional de la Seguridad Social, unos 200 empleados de los 12.680 que componen el INSS. Según dice uno de los últimos comunicados del comité de huelga, exigen soluciones “para revertir la situación de caos de una entidad gestora que con una estructura del siglo pasado y que con unas plantillas envejecidas y mermadas pretende hacer frente a los colosales retos de la protección social del siglo XXI”. Otras fuentes internas conocedoras del conflicto lo definen como “corporativista” y creen que se centra en una reclamación retributiva.
