En los almacenes de las cooperativas aceiteras se han apilado en los primeros meses del año miles de palés de garrafas destinadas a cruzar el Atlántico. La misma imagen se repite en el sector del vino, cuyas exportaciones a Estados Unidos se han disparado en ese mismo periodo. No se trata de simples pedidos, sino que ha sido parte de una estrategia acelerada, anticipándose a lo que parecía inevitable y que se convirtió en realidad esta semana: el aumento arancelario del 20% impuesto por EE UU a los productos provenientes de la Unión Europea. La dinámica observada en estos dos sectores, sin embargo, no se extiende a otras industrias. El sector de la automoción, el cárnico y el metalúrgico no perciben un aumento del stock en destino, mientras que el farmacéutico observa repuntes moderados en sus ventas, pero dudan que pueda estar vinculado a la guerra arancelaria. Si se atiende solo a los datos de enero, “los productos que experimentaron el mayor crecimiento en sus exportaciones en términos interanuales han sido las bebidas, los productos farmacéuticos y las máquinas y aparatos mecánicos” afirma Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores.

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