Estos días hay quien recuerda una de las frases recurrentes de Wayne Griffiths, hasta el pasado lunes consejero delegado de las marcas Seat y Cupra, como ejemplo de su talante atrevido que en ocasiones podía parecer temerario: “Sin presión no hay diversión”. Al frente de estas dos marcas del grupo Volkswagen durante casi cinco años, Griffiths ha presionado y se ha divertido: ha devuelto a la compañía a los beneficios, ha puesto las bases para la transición hacia el coche eléctrico y ha iniciado la transformación de la fábrica de Martorell, al tiempo que sabía lidiar con los directivos de la matriz alemana, se peleaba con el Gobierno por la falta de ayudas, dimitía como presidente de la patronal Anfac y se preparaba ante la creciente guerra comercial.
