
Cambiar de casa cada tres meses, renunciar a gastos como pagar un psicólogo, volver al hogar paterno después de los 40… La carestía de la vivienda, que ha motivado una nueva oleada de protestas en numerosas ciudades españolas, tiene consecuencias indeseadas en muchas personas. Los precios han subido mucho en muchas partes. Los cálculos de EL PAÍS, proyectados a partir de los datos oficiales del Ministerio de Vivienda y los importes de oferta del portal Idealista, reflejan que en el 97% de las secciones censales los arrendamientos han subido más que los precios generales desde 2015. Es decir, en casi todo el territorio, aunque la crisis no golpea por igual en todas partes. Los propios datos del ministerio, más matizados que los de los portales inmobiliarios porque toman de Hacienda las rentas de todos los alquileres en vigor y no solo de los que salen al mercado, muestran una clara concentración en las principales ciudades. Y al mirar a los núcleos de más de 100.000 habitantes, se observa una clara concentración del problema en la costa mediterránea porque el factor turístico es otro indudable vector de encarecimiento.


