
Pocos días después de la Diada del año 2015, Artur Mas hacía un acto de campaña electoral de Junts pel Sí, la lista que mezcló a candidatos de Convergència y ERC con activistas independentistas, para buscar votos con vistas a las elecciones del 27 de septiembre. Sonriente y moreno, enfundado en una camisa blanca sin corbata y con los botones superiores desabrochados, el entonces president en funciones lanzó un vaticinio. “Tanto miedo, tanto miedo… Nos dicen que hasta los bancos se van a ir. Tranquilos, que no se va a ir ninguno”, proclamó. Atropellado por el fervor del procés, Mas tuvo que dejar paso a Carles Puigdemont y, ya sin cargo alguno, vio como primero el Banco Sabadell y luego todo el entramado empresarial de La Caixa hacían lo que él había anunciado que no iba a pasar.
