El horizonte europeo sigue plagado de nubarrones y, a las puertas de las próximas elecciones alemanas, necesita poner en marcha su “vieja” locomotora más que nunca. Las cifras no engañan y, desde el fin de la pandemia, Europa ha quedado rezagada. Mientras EE UU incrementó un 12,4% su PIB, la eurozona solamente creció el 4,7%, castigada por el paupérrimo desempeño de Alemania. Esta disparidad refleja problemas estructurales y pérdida de competitividad: en el último lustro la inversión en propiedad intelectual se ha disparado un 36% al otro lado del Atlántico, mientras en la eurozona aumentó un 16%. Factor que ayuda a explicar el estancamiento de la productividad europea.
